viernes, 17 de abril de 2009

JESPER: CAPÍTULO 2 (PRIMERA PARTE)

Fue Peter, un primo mío, el que se enteró de lo que yo pensaba sobre la invasión y me confesó que él y algunos amigos imprimían periódicos clandestinos. Me explicó lo importantes que eran para que la gente se enterara de las verdaderas noticias de la guerra y para convencerla de que se unieran a los grupos de resistencia. Dijo que necesitaban a alguien que los repartiese, así que me ofrecí voluntario, por mí y por Stefan, en aquel mismo momento. Aquel fue nuestro primer trabajo en serio. Recogíamos una bolsa de periódicos en el patio del colegio y después subíamos y bajábamos de los tranvías repartiendo copias. Era peligroso pero aprendimos mucho. Estábamos convencidos de que éramos demasiado listos para que nos cogieran. Y tuvimos suerte. Al cabo de un tiempo, Lisa también empezó a ayudarnos. Al principio no queríamos que lo hiciera. Pensábamos que era demasiado joven -aún no había cumplido los trece- y que no tendría valor suficiente. Pero como era increíblemente testaruda, finalmente tuvimos que dejar que nos ayudara.

Después de un par de meses colaborando en lo de los periódicos, Peter me puso en contacto con un grupo de sabotaje. En un principio, Stefan no se metió, porque era judío y, si le cogían, los alemanes le pondrían como ejemplo de la gran amenaza que suponía su raza. La resistencia no quería facilitar a los alemanes coartadas que pudieran dejar sin salida a los judíos. Pero Stefan insistió. Yo le respaldé, y al final le aceptaron.

La primera noche de entrenamiento fue mucho más emocionante que cualquiera de nuestros sueños más descabellados. Esperamos a la puerta de casa, nos recogieron y recorrimos toda la ciudad a oscuras hasta el campo. No sólo nos iban a dar armas, sino que iban a enseñarnos a utilizarlas. La resistencia utilizaba por lo general armas robadas a los alemanes. Por supuesto, en esto ellos habían tenido más éxito que nosotros.

Nos adentramos en un bosque de las afueras de Copenhague y estuvimos aprendiendo a disparar durante horas. Creo que era diciembre. Al menos hacía frío y había humedad. Pero ni a Stefan ni a mí nos importaba. No era fácil disparar cuando todo estaba negro como la boca de un lobo, pero no teníamos elección. Como éramos inexpertos, debíamos tener cuidado de no disparar el uno al otro. Para mí fue como un sueño hecho realidad. Ahora yo era Nelson Eddy. Desde entonces tuve mi propio fusil, que guardaba bajo el colchón. Hacía un poco de bulto y era incómodo, pero si mis padres me llegan a pillar con un arma... Bueno, no quiero ni pensarlo. Así y todo, estoy seguro de que sospechaban en lo que andaba metido. Empecé a salir todas las noches después de cenar. Supongo que de sieron cuenta de que me estaba haciendo demasiado mayor para obigarme a permanecer en casa y seguir una disciplina, y simplemente rezaban para que no me pasase nada.

Seguimos entrenándonos. Pasado algún tiempo, un día emprendimos nuestra primera misión importante.

La resistencia por entonces aún era pequeña. Lo que buscaban era llevar a cabo el mayor número posible de sabotajes, en parte porque querían paralizar a los alemanes de cualquier forma, pero también por lo que había ocurrido en la invasión de Dinamarca. El gobierno se había rendido y continuaba en el poder; el rey seguía en el trono, y ni siquiera estábamos en guerra con Alemania. Alemania nos consideraba un protectorado, como si protegiéndonos nos hiciera un favor. Muchos de nosotros detestábamos este acuerdo. La resistencia tenía que recordar a la gente que los alemanes eran el enemigo invasor y que no estaba bien colaborar con ellos. Además, confiábamos en que, tras los sabotajes, los alemanes, enfurecidos, nos hicieran la vida tan imposible en Dinamarca que el gobierno no se atreviera a cooperar más con ellos. Y esto fue lo que ocurrió, finalmente, en 1943. Si no hubiéramos volado lugares como las fábricas de armamentos, los ingleses las habrían bombardeado y hubiesen muerto muchos daneses inocentes.

Nuestra primera misión fue volar la fábrica que suministraba fuselajes y alas a la aviación alemana. Se hizo a plena luz del día. Stefan y yo nos encontramos con nuestros contactos en el garaje de Olaf a la una en punto del mediodía. Veinte minutos más tarde estábamos todos en un extremo de la calle, mientras otros cuatro compañeros ocupaban el otro lado. Nuestra labor consistía en parar el tráfico. Yo estaba un tanto decepcionado. Supongo que lo que hubiera deseado era pasar corriendo y disparar. En cambio, estábamos allí sólo para decirle a la gente que había problemas al otro lado de la calle y que tenían que esperar. Si alguien hubiese armado jaleo, habríamos sacado los fusiles, pero nadie lo hizo. Diez minutos más tarde hubo una explosión enorme. Nos metimos rápidamente en los coches y bajamos por una calle lateral. Todo fue muy sencillo.

Los atentados se planeaban siempre hasta el último detalle, sin dejar ningún cabo suelto. Stefan y yo sólo teníamos a una persona como contacto. Era más seguro así. Si nos cogían y nos torturaban, no podríamos traicionar al resto del grupo. Sobre esto ahora ya lo sé todo. También hay otra norma: soportar la tortura durante veinticuatro horas, para dar una oportunidad a tus contactos de que se escondan. Después, si no hay más remedio, habla.

Poco después de aquello, llevamos a cabo una incursión en una comisaría de policía danesa y robamos todas las armas. No opusieron mucha resistencia. Estoy seguro de que muchos de ellos detestaban hacer el trabajo sucio de los alemanes. De hecho, conseguí la mayoría de los planos de las fábricas que volamos a través de la policía danesa. Los policías dijeron que, para proteger a los alemanes, necesitaban listas de las fábricas y planos detallados de las plantas, sólo así podrían colocar a sus hombres de forma adecuada. Estas listas y planos iban a parar directamente a la resistencia y los usábamos para organizar los ataques. Siempre sabíamos cuántos guardas había, dónde estaban situados y dónde se encontraban las máquinas. Los alemanes no se explicaban cómo los descubríamos.

Stefan y yo vivimos contentos aquellos pocos años, hasta la rendición de 1943. Íbamos a la escuela, seguíamos con los estudios y cada vez estábamos más metidos en lo del sabotaje. Nunca llegamos a estar a punto de que nos cogieran. Parecía que nuestras vidas estuvieran protegidas por un encantamiento. A menudo acudíamos a concentraciones en las que la gente se reunía para cantar. Miles de personas llenaban la plaza del ayuntamiento y cantaban canciones danesas. No era ilegal, y los alemanes no podían impedirlo, pero lo aborrecían con todas sus fuerzas. Recuerdo que una vez el rey me dio la mano. Salía todas las mañanas en su caballo para saludar a sus súbditos, animarnos y darnos esperanzas.

Por entonces yo ya salía con Lisa. Aunque ella sólo tenía quince años, cada vez estaba más comprometida con la resistencia. Al final, ella y su amiga Suzanne se unieron a nuestro grupo de sabotaje. Lisa y yo íbamos al cine por la tarde y, después de cenar, llevábamos a cabo acciones de sabotaje.

Había seis o siete atentos cada día, así que los alemanes pusieron patrullas de guardia en las fábricas. Cuando la gente iba a trabajar y veía las patrullas alemanas allí, se ponía tan furiosa que pronto empezaron las manifestaciones y los motines.

Los alemanes comenzaron a tomar rehenes, lo que provocó más amotinamientos. Luego exigieron como castigo que los policías daneses disparasen sobre la gente. El gobierno danés se negó y el 29 de agosto dejó de existir. Por fin, todo el país estaba unido en la guerra. Olaf nos invitó a Stefan y a mí a una botella de whisky que había birlado en una incursión y nos emborrachamos para celebrarlo. Al día siguiente pagué las consecuencias. Me pasé todo el día vomitando, y mi madre quería llevarme al hospital, convencida de que tenía una gripe horrible. Sin embargo, mi padre observó el color de mi cara y le dijo que ya me recuperaría. Pensé que me moría y creo que no me habría importado. Ahora supongo que no volveré a tener la oportunidad de beber whisky otra vez.

Después perdí a Stefan y a Lisa, y todo cambió de repente. Aquello ya no era un juego. Hasta entonces los alemanes habían tratado a los judíos igual que a los demás. Cuando los nazis quisieron que los judíos se pusieran unas estrellas amarillas en el abrigo, el rey dijo que si alguno de sus súbditos tenía que llevar una estrella, todos los demás, incluído él, la llevarían. Supongo que la perspectiva de ver a toda la población llevando estrellas fue suficiente para hacerles olvidar la idea. Nos llegó información sobre los campos de concentración y supimos de las matanzas masivas de judíos en otros países ocupados. Finalmente, en octubre, los alemanes decidieron acorralar a los judíos también en Dinamarca. No lo habían hecho antes porque sabían que los daneses se volverían contra ellos, pero ahora que ya no lo estaban, no tenían nada que perder. Planearon detener a todas las familias judías en sus casas el día del Rosh Hashanah, el año nuevo judío.

Aquella noche Stefan y Lisa se escondieron en el hospital donde trabajaba su padre. Otras familias judías se fueron a casa de amigos, a iglesias u hospitales. Cuando llegaron los alemanes, encontraron las casas vacías. La resistencia empezó a trabajar de forma frenética. Había que encontrar una forma de pasar ocultos a todas las familias hacia Suecia por el estrecho. No dormí nada aquellas noches. Simplemente no tenía tiempo. No volví a ver a Stefan y Lisa hasta la noche que salieron del hospital para pasar ocultos la frontera por la costa. Les ví allí y los tres estuvimos ayudando a los grupos que venían de Copenhague a meterse en las barcas que le llevarían a Suecia. Al final les tocó a ellos. Dí un beso a Lisa cuando se iba. Fue el primer beso de verdad. Después me quedé allí de pie en la playa, solo, mientras mi mejor amigo y su hermana se alejaban en la oscuridad. Sonaron disparos a mi alrededor y me encontré metido en una emboscada de los alemanes. La oscura noche sin luna me salvó y me las arreglés para escapar.

Dejé de ir a la escuela en el mes de octubre. Estuve trabajando día y noche para ayudar a escapar a los judíos que estaban escondidos en los hospitales, en las iglesias y en uno de nuestros sitios preferidos, una librería que estaba justo enfrente del Cuartel General de la Gestapo.

De siete mil judíos, los alemanes sólo cogieron a unos cuatrocientos.

He de pasear de un lado a otro porque hace mucho frío y tengo los pies entumecidos. Pero al moverme, siento un dolor punzante en los dedos, como si me estuviesen clavando cuchillos afilados. Me los miro. Unos están más hinchados que otros, y la parte desgarrada del meñique me está supurando. Me acuerdo de las manos de mi madre, siempre suaves y frescas, aliviándome la frente caliente cuando estaba enfermo, o increíblemente rápidas y ágiles, cuando cosía. Estaba cosiendo la noche que fui al garaje de Olaf. La noche que volví a encontrarme con Frederick.

Era una noche fría y lluviosa de noviembre. Como de costumbre, estaba escuchando la BBC en la radio después de cenar. Era ilegal, pero todo el mundo lo hacía. Nos informaba de lo que estaba ocurriendo realmente en la guerra. Además, era el medio que tenía la resistencia para recibir mensajes cifrados desde Inglaterra. Mi padre estaba fuera de la ciudad en un viaje de negocios para la empresa Philips, y mi madre estaba cosiendo un traje de Pierrot, para la función de Navidad que había en el Tívoli.





Carol Matas, "Jesper"

2 Comments:

  1. GERARDO G C., DIRECTOR Y JEFE DE CAMALEÓN S.L.P.C. said...
    ESCRIBES GENIAL!!!
    feli said...
    He pasado a dejar......
    ......{\......._____.....,
    .....{*.\.....(*~*~*).../}
    ....{.~.*\....////^^\../~}UM ANGEL
    ....{*....\..(((/.6.6./.*} PARA
    ....{..*.~.\.)))c..=.)*..} PROTEGE
    .....{*...*.////'_/~`.~.} E ILUMINA
    ......{~.*.((((.`.`\.*}' SIEMPRE!!!
    .......`{.~.)))`\.\))_.-:<*>
    ..........`{.(()..`\_.-'`.`:'
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    ........|` `'...``Y;
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    Que tengas un buem fim de semana

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